Publicado en el número 7 de Convivencia Saucana - Junio 1978.
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CUANDO FUENTESAÚCO ES UNA FIESTA.
Primero viene San Juan y luego viene San Pedro y luego Santa Isabel la patrona de este pueblo.
Tradicionalmente cantado por todos los saucanos, estos versos con variado matices musicales, son el preludio de un espectáculo que comienza. Y/a la celebérrima "Mariseca" cuelga de los balcones del Ayuntamiento, y los primeros cohetes, al son de la música, anuncian a los saucanos que la fiesta está en marcha, y alborozados se enteran en los campos o en sus casas. Canta la señora que al son de la música destierra a escobazos el polvo de su casa, mientras su marido quizás, pasa su mano por la frente para limpiarse el sudor y arremete más contento en el tajo bajo el azul terso del verano, rodeado de dorada mies.
Los chiquillos corren disputándose las varillas que caen del cielo después de explosionado el cohete mientras los jubilados contemplan desde la plaza como lo hicieron tantos años el ambiente festivo que ya no abandonará el pueblo "hasta después del baile del prado".
Y es en días posteriores cuando las calles del pueblo hierven teniendo su punto de ebullición durante los encierros, siendo todos los actos festivos de anteriores días una preparación a base de fuegos artificiales, bailes, rondas y enramadas. El pueblo se divierte y participa, siendo parte de las fiestas que, así, tienen un sentido popular que las caracteriza.
Caldeado el ambiente, todo saucano que se precie, tiene que "estar" en el prado de La Reguera y, si no puede, su pensamiento acompaña a la gente que desde la carretera observa la belleza plástica y estética de los espantes, o entre los mozos que aguantan la embestida.
Madre si me mata un toro / que me entierren en el prado...
La juventud forma corros y baila; chicos y chicas, saucanos y forasteros, con sana alegría y ánimo predispuesto a olvidar por estos días las cosas desagradables o cotidianas, se entregan a la diversión. Ya se mueven allá abajo, ya vienen caminando. Los mozos se aprestan y hacen masa formando la barrera. Nervios. Los caballistas con sus garrochas, lanzan a los toros, se estiran haciendo punta de lanza a todo correr dejando en el verde tapete la más bella estampa acompañado por el colorido de la gente abierta en abanico para lograr "un bonito espante". Toros y caballos se esparcen. Se han ido para Carrevenialbo, por El Solen. Después hacia El Palomar, lo mismo que pudieron ir por Las Cerradillas o por Carretoro. En tanto todos vuelven al césped y entre cántico y cántico riegan sus gargantas con el vino de las botas. Se forman los consabidos corros que con aire cansino entonan el
Juana quién te puso Juana / estaría loco el cura...
Todo el prado está ocupado por las pandillas de jóvenes, excepto aquellos más osados que haciendo gala de sus facultades físicas han marchado detrás de los cornúpetas fugados de los cuales no quieren perderse el menor detalle, que luego contarán a los sedentarios que prefirieron sentarse a descansar un rato.
Cuando hayan dado ya los tres espantes reglamentarios, ley hecha por la costumbre, las autoridades o el mutuo acuerdo, sube la gente hacia las calles del pueblo para tomar una cerveza y para empezar los encierros, en los que las cansadas bestias corren las mismas una y otra vez. Acabados estos, hay que ir a casa para hacer los honores al conejo que se estuvo criando meses antes a base de "jolio" y amapola con alguna "agamarza" envuelta, o al gallo corralero de doradas plumas y amplia cresta.
La fiesta continua con la corrida, que también tiene su salsa en los toros de los mozos o en la vaquilla de las chicas. Aquí se ponen de manifiesto las distintas "escuelas" en el arte de cortar el toro, donde diferentes saucanos han brillado a gran altura. Los famosos bailes de tarde y noche terminarán con la resistencia física de todos que, ya contra la mañana, intentarán dormir un rato para iniciar una nueva jornada festiva, ante la mirada opaca de los más persistentes.
Visitación está aquí, ya, con todos nosotros, aprestándonos a asimilarla con todas las consecuencias, participando en sus fiestas populares.
FÉLIX ROMERO. Del nº 7 de Convivencia Saucana - Junio 1978.
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