Publicado en el número 17 bis de Convivencia Saucana - Junio 1979.
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LOS ENCIERROS. TRADICIÓN Y JUVENTUD.
La esencia de nuestra fiesta es sin duda alguna la tradición. Y hablar de tradición es sinónimo de toros y encierros. Lo demás son aditivos, parches, complementos. Son otra cosa. Los toros en plena carrera, acosados por el caballista y la gente desplegada a su encuentro son estética y plásticamente el climax de nuestra fiesta. Por ver eso se pueden hacer lo mayores sacrificios. Sólo son cinco minutos, menos aún, pero para un saucano lo es todo, y todo lo representa.
Esto son los famosos espantes. La calle con ser importante, ya es otra cosa. Ambos momentos son nuestra fiesta. Lo demás lo tiene cualquier pueblo, y se da en el sitio más corriente, es decir, no tiene gracia.
Y todavía no comprendo cómo pudo en un tiempo peligrar nuestra fiesta y estar a punto de perderse, cambiarse por una fiesta descafeinada, donde el pueblo, ni participaba, ni la aceptaba. Pues un pueblo no está en fiestas si no participa de ella, o se limita a ser un mero espectador. Y años atrás, cuando a nuestra "Visitación" le quitaron los encierros con absurdos pretextos y presuntas órdenes gubernativas, o cuando la abulia y el desinterés de pretéritas corporaciones municipales lo hicieron posible, a Fuentesaúco le faltaba algo. Algo por lo que nuestro pueblo es único: por sus espantes del prado. Y con esto no queremos decir que en otro sitio no se puedan hacer o no sean capaces. Es que el, digamos, marco adecuado, no lo tienen otros pueblos. Ni su tradición. Lo hicieron posible nuestros padres, y nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos, y la juventud se siente orgullosa de ello, y trata de emularlo o imitarlo con más o menos acierto, con toros o con novillos, pero no debe admitir que de un plumazo nos supriman los espantes y los encierros.
Siempre he pensado que había gente a la que le fastidiaba que el pueblo se divirtiera, y que suponía que dos corridas y cuatro espectáculos ajenos bastaban para cargarse la tradición de los encierros y espantes. Menos mal que no fue así y "las aguas volvieron a su cauce". Hoy los encierros de Fuentesaúco desplazan a una masa de gente que cada año aumenta evidentemente. Y eso que no se promocionan. También me doy cuenta de que a muchos de los que vienen no les acaba de gustar y no encuentran compensaciones suficientes. Esa persona, desde luego, no es saucana, y aún respetando su opinión, y su peculiar punto de vista, sigo pensando que nuestra fiesta es inigualable.
Ya le pueden decir a un saucano que los encierros de Cuéllar son los más antiguos, que los de Pamplona son los más bonitos, o que los de Ciudad Rodrigo son los más tempranos. Se encogerá de hombros y dirá que no merece la pena entrar en materia de comparaciones: ¡lógico!. Y al que no le gusten que no los vea. Y este orgullo que el saucano tiene por su fiesta es muy positivo. Y en este tiempo de reivindicaciones, cuando todo el mundo trata de recuperar sus tradiciones y su pasado, no está mal que los saucanos también nos sintamos orgullosos de ello.
Félix Romero. Del nº 17 bis de Convivencia Saucana - Junio 1979.
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