Publicado en el número 28 de Convivencia Saucana - Junio 1980.
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ORIGEN DE LAS FIESTAS.
Todo saucano sabe que las Fiestas de la Visitación son el día dos de julio, pero muchos desconocen su origen. Estas líneas tienen como finalidad, pues, el divulgar una noticia inédita de singular trascendencia para Fuentesaúco.
Como es natural, tal festividad no ha sido eterna: se remonta a finales del siglo XVI. Concretamente, el 17 de junio de 1596, el plenario del concejo representado en los dos alcaldes ordinarios, Juan Gavilán y Alonso de Topas, y los regidores Pedro Gutiérrez, Diego de Dios, Francisco de Huerta y Francisco Zanapicos, además de los delegados generales del procomún, Pedro Gavilán, Gabriel y Juan Gutiérrez, hacen voto in perpetuum de guardar como día festivo el dos de julio bajo la advocación de la Visitación de María a su prima Santa Isabel.
Este instrumento público protocolizado por el numerario saucano García Serrano, que a la sazón lo era también dsel Ayuntamiento, fue ratificado por el ordinario diocesano y refrendado por el notario apostólico Jerónimo de Soares el primero de julio del antedicho año, siendo provisor, sede vacante, el Dr. D. Antonio Ordóñez, dean de la Catedral de Zamora.
La hermenéutica o interpretación histórica referida a esta noticia nos revela un simbolismo bienintencionado. Efectivamente, como es bien sabido, la Villa de Fuentesaúco estaba dividida a nivel religioso en dos feligresías denominadas Santa María y San Juan Bautista, cuyos parroquianos llegaron a rivalizar de tal manera que era proverbial el enfrentamiento entre "sanjuanejos" y "santamariviejos" con dichos y hechos. Por lo tanto, para evitar el incremento de desavenencias y disensiones, las autoridades eligieron una festividad que hiciera compatibles las dos advocaciones religiosas y armonizara de alguna manera viejas rivalidades. Nada mejor, por consiguiente, que festejar la Visitación, en la que se integraban Santa María y su prima Santa Isabel, como madre gestora de San Juan el Bautista.
Por otro lado, la unidad de los saucanos era especialmente deseable ante coyunturas históricas difíciles. El traspaso y recuperación jurisdiccional del señorío saucano, del Obispado de Zamora en favor de Fuentesaúco (1579-1600) era, sin eufemismos ni ironías, una "autocompra" de la propia libertad y, por lo tanto, planteaba problemas jurídicos de entrada y económicos a continuación, y atañía particularmente a todos sus moradores y además se involucraba en las políticas de El Vaticano y de El Escorial.
Las relaciones filipinas con el Papado eran ahora mucho más cordiales que en tiempos del francófilo Paulo IV. Por ello, Felipe II devenga de Gregorio XIII los servicios prestados a la cristiandad en Lepanto a fin de frenar las frecuentes bancarrotas de la Corona. Las fuentes de ingresos, así obtenidas de la Santa Sede, son aparte de la regularización de la Bula de la Cruzada, la obtención de todos los señoríos religiosos entre los que naturalmente se encontraba el saucano.
Estas medidas crearon un clima de descontento en los medios eclesiásticos rurales que, además, fueron obligados a pechar como cualquier otro hijo morador. Precisamente como medio de compensar la polémica se arbitró, entre otras soluciones, el recurrir a votos que, como en el caso concreto de Fuentesaúco, dio lugar a las Fiestas de Visitación.
SANTIAGO SAMANIEGO HIDALGO. Del nº 28 de Convivencia Saucana - Junio 1980.
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