Carta nº 8.

Remitida por Enrique Conde Gil. Junio 2006.

   

 

    

    

    Hola compañeros.

    En primer lugar me gustaría daros la enhorabuena por un par de cosillas. La primera es que tenéis una estupenda y trabajada página, desde la que dar a conocer vuestra fiesta. La segunda es el espíritu inconformista que he visto en algunas de las cartas redactadas con anterioridad. Mucha gente que hace páginas web relativas a fiestas tiende a expresar lo "buenas" y lo "bonitas" que son las fiestas de su pueblo, pero en ausencia de todo espíritu crítico, algo necesario para mejorar las cosas y que veo muy patente en cartas anteriores y con las que, dicho sea de paso, estoy de acuerdo. Enhorabuena por ambas cosas pero, sobre todo, por lo segundo.

  

    Acerca de los encierros, espantes y demás eventos taurinos:

 

    El propósito último de esta carta es que alguien pueda llegar a tomarse lo que aquí pone como algo personal, sino que, al hilo del sentido crítico de las cartas anteriores, lo que desde la misma pretendo es mostrar las carencias que, a mi modo de ver, tienen los festejos taurinos populares con el fin de que podamos mejorarlos entre todos.

 

    En primer lugar creo que los toros que se compran para los festejos populares carecen de la casta necesaria para correr el tiempo que aproximadamente dura un encierro. Con respecto a esto podríamos contestar a los ganaderos y a quienes viven del mundo del toro en general y se quejan de que la gente no va a las plazas. Hay que inculcar la afición por la fiesta, sí, pero también hay que meter buen ganado a las plazas y dar espectáculo que haga que guste ver una corrida. No es lógico que yo vaya a una plaza como hice el año pasado en Salamanca y vea 8 toros porque 2 han tenido que irse a los corrales y el resto se lo merecían. Esto, además de ser un espectáculo lamentable, hace que en el enfrentamiento toro-torero parezca que se maltrata al animal, pero no porque la fiesta sea así, sino porque el animal rehuye el enfrentamiento, que es lo que defiende al toro, su bravura, y por tanto dé la sensación de que se produce una lucha en desigualdad de condiciones. En parte cosas como esta hacen que decaiga la fiesta en un ámbito más general. Ellos se lo buscan, pero ese es otro tema. Hay que decir también que no es el caso de Fuentesaúco pero que en otros muchos lugares un pavimento de asfalto hace que a la 2ª carrera los novillos cojan miedo porque se caen, y a la 4ª no puedan correr más porque les sangran las patas. El bochornoso y lamentable hecho de inyectar tranquilizantes al ganado no lo voy ni a mencionar porque habla por sí mismo.

 

    Lo anterior es importantes, pero para mí lo que más peso tiene en la ausencia de nivel de los festejos populares es la sistematización de, especialmente, los encierros. Año a año se producen encierros y actos taurinos más calculados y con total ausencia de improvisación, que es lo que en muchos casos llama a la gente año tras año y no por costumbre como mencionáis algunos, ya que ningún año iba a ser como el anterior. Si pongo un ejemplo, se comprenderá rápidamente. En Aldeadávila de la Ribera (Arribes del Duero) los toros se sueltan desde un prado y son conducidos por caballos hasta la plaza, habiendo un tramo que se hace por caminos de tierra (se llevan los toros al paso y la gente va caminando delante de ellos sin más problema) hasta que se entra en el pueblo, donde se obliga a correr al ganado. Hace años (podría decir 12), el tramo que discurre por caminos rurales era todo un evento, ya que la gente se agazapaba entre las paredes y al paso de los toros gritaba, de modo tal que los toros se espantaban, algunos llegaban al pueblo y otros daban juego para todos antes de encaminarse hacia la plaza (cuando lo hicieran). Había improvisación. Puede haber quien piense "a los del pueblo no les debería hacer ninguna gracia quedarse sin toros porque hubiese cuatro que los espantasen, y además podía haber problemas". Nunca se quejó nadie ni hubo problema alguno y la fiesta se hacía amena. Actualmente "se ruega" silencio hasta que los toros entren en el pueblo y los caminos están vigilados por la Guardia Civil para que nadie espante a los toros. Todo está tan diseñado al milímetro que siempre es lo mismo, lo cual le quita emoción al encierro. Y como estas, muchas.

 

    Si nos centramos en los encierros a caballo, creo que ya no quedan buenos encerradores, algo que me entristece por haberme criado al lado del Campo Charro. Podemos verlo en Ciudad Rodrigo, donde cuando hay un toro en el encierro a caballo que se queda a la querencia en un rincón, los caballistas pasan de largo mirando indiferentes, lo que como muchos sabréis si habéis estado allí, ha provocado una fuerte indignación entre los paisanos, llegando incluso a amenazar a los caballistas. Esto se podría resumir en algo que siempre se escucha cuando hay problemas en un encierro de este tipo: "La mitad de ellos vienen a pasear el caballo". Pongo el ejemplo de Ciudad Rodrigo porque será el que muchos conocéis, pero hay más. La medida de acotar el número de caballistas me parece totalmente acertada, y si hay mucha gente que quiera ir con el caballo y no caben todos, lo justo es que primero sea la gente del pueblo y después el resto.

 

    Como lo correcto, y más en estos casos al tratarse de una fiesta de todos, es hacer crítica constructiva, creo que hay diversas cosas que pueden llevarse a cabo para solucionar algunos problemas.

 

    "Cuando hay toros no hay toreros y cuando hay toreros no hay toros" dicen algunos cuando hay un buen cartel pero los toros se caen y blandean. La escasez de casta es un problema que siempre ha habido y claro está que un toro, por muy bien presentado que esté, no se sabe qué lleva dentro hasta que no sale a la plaza, pero hay cosas que son de sentido común. No se pueden meter toros excesivamente grandes en un encierro cuyo recorrido transcurre por asfalto ya que, cuanto más pese un toro, antes van a dañarse sus pezuñas. Puede parecer contraproducente, pero puede ser beneficioso en algunos casos meter ganado morucho y no de casta, pues este tiene más movilidad y más aguante, con la desventaja de que no remata en la embestida. No se puede tener todo. Respecto al dinamismo en los encierros y para combatir la monotonía no digo que haya que dejar todas las puertas abiertas para que se escapen los toros, pero estaría bien permitir iniciativas populares tales como torres de ruedas de tractores o permitir poner obstáculos y plataformas en las plazas para poder correr entre ellas y burlar ahí al toro, como hacen en la Comunidad Valenciana.

 

    Además de esto, con toda la pandilla de analfabetos tratando de minar la fiesta continuamente, sería un buen objetivo para pueblos con festejos taurinos peculiares, "blindar" su fiesta haciendo los mayores esfuerzos posibles para que fuese considerada "fiesta de interés turístico regional" o "fiesta de interés turístico nacional", igual que han hecho en San Felices y en Tordesillas respectivamente, pero ¡ojo!, sin que por ello cambie la esencia de los mismos. 

    

    Enrique Conde Gil.

    

    

 

   

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