HISTORIAS Y ORIGEN

Origen, historias y recordatorios de las Fiestas de Visitación

- - - - - - -

Origen de las

Fiestas de Visitación:

Todo evento tiene su origen y, como no podía ser menos, esta fiesta también lo tiene, allá por el siglo XVI. 

La denominada Fiesta de Visitación, llamada también Fiesta de Santa Isabel, por celebrarse actualmente en la Festividad de la Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel (un nombre harto largo para denominar a la fiesta pero que sería el exacto), debe su nacimiento al acuerdo entre los dos alcaldes ordinarios que por el año 1596 representaban los órganos de gobierno de la localidad. 

El 17 de junio de 1596 el plenario acuerda celebrar tal festividad el dos de julio, celebrando La Visitación de María a Santa Isabel, acto que es ratificado por las autoridades políticas y religiosas.

Por aquellas fechas, la villa de Fuentesaúco se hallaba dividida en el aspecto religioso (que se correspondía con una virtual separación física y geográfica), de tal forma que los feligreses celebraban sus actos religiosos en las iglesias de San Juan y Santa María, respectivamente. Esta festividad hacía poner de acuerdo a ambas parroquias, un tanto enfrentadas en el plano social, ya que hacía perfectamente compatibles las veneraciones religiosas de todos los habitantes, al unir las dos figuras en una festividad neutral, pero que relacionaba las figuras religiosas al celebrar la Visitación de "Santa María" a su prima Santa Isabel, a la sazón madre de "San Juan Bautista".

A pesar de ser inicialmente una celebración esencialmente religiosa, el tiempo quiso que se fueran agregando ingredientes taurinos a la misma, de modo que con el transcurrir de los años se fueron corriendo varios toros y novillos con motivo de tal festividad, a la vez que se celebraban refrescos, bailes y lanzamiento de cohetes, como símbolos e ingredientes de toda festividad.

Es ya a mediados del siglo XIX (fecha en la que se construyen los soportales de la Plaza Mayor) cuando, después de tanta progresión en esta fiesta, se consolida el hecho de los espantes, encierros, corridas y novilladas, que componen el cartel esencial de este festejo hasta la fecha.

Es necesario mencionar que los llamados "espantes" son un acto que sólo se celebra en Fuentesaúco, si bien se celebran actos parecidos pero no iguales en localidades limítrofes, sin determinarse documentalmente donde se iniciaron este tipo de eventos. Si bien los encierros constituyen un elemento indispensable en todas estas localidades, que se agrupan en un territorio de unos quince o veinte kilómetros de radio y que tiene su centro en un punto imaginario muy cercano a Fuentesaúco, localidad elegida por la inmensa mayoría de los que deciden contemplar estos festejos, y que hacen que se desplacen miles de personas, durante los días en que se celebran estas fiestas, procedentes de diversos puntos de la provincia y de otras provincias de Castilla y León, así como de las grandes ciudades a las que, hace tiempo, tuvieron que emigrar muchos en busca de trabajo pero no por ello han perdido la afición.

El preámbulo de la Normativa Municipal establece exactamente el origen de estas fiestas de la siguiente manera:

>>>"Las Fiestas de  Visitación en Fuentesaúco nacen el 17 de Junio de 1596, tras un intento de unificar las festividades religiosas de las dos feligresías en las que se hallaba dividida la Villa. Con motivo de tal unificación, las dos partes del municipio, San Juan y Santa María, quedaban satisfechas tras la proclamación de una festividad que dejaba contentos a todos: La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel. Así, esta festividad aunaba a las figuras de San Juan, mediante su madre, Santa Isabel, y a Santa María.

Aunque en sus comienzos estas Fiestas tuvieron un marcado componente religioso, no tardó en aparecer el ingrediente taurino, concediéndose permisos y presupuestos para tal efecto.

Los principales y más conocidos festejos de estas Fiestas, por su originalidad y su exclusividad, son los “espantes”, una actividad que se remonta al principio de esta festividad, originalmente celebrada el dos de julio. Los “espantes” han mantenido su esencia desde sus principios, si bien son un acto que nació del enfrentamiento social bien entendido entre los niveles socioeconómicos de la localidad. Unos, ganaderos o poseedores de caballos, eran los encargados de traer desde la finca de origen a los toros, junto con los cabestros, para encerrarlos en los corrales del pueblo, con el objetivo de que fueran toreados por la tarde en la plaza de toros, ubicada en el pueblo. El resto, pueblo llano, deseoso de diversión, y también motivado por un sentimiento socio-cultural que le diferenciaba de los poderosos, salía a esperar a la entrada del pueblo con el ánimo de “espantar” a la manada que venían conduciendo los caballistas, obligando a estos a reunir de nuevo la manada y volver a intentar encerrarla por las calles del pueblo.

Con el paso del tiempo este acto se ha convertido en una tradición muy arraigada, no sólo en la Villa de Fuentesaúco, sino también en la zona."<<<

 

 

- - - - - - -

Historias y recordatorios:

Desde aquellas verdaderas obras de ingeniería popular que se montaban en la Plaza de Santa María, hoy destinada la mayoría de los días a contemplar su magnífica iglesia del siglo XV, o a albergar el mercadillo de los viernes o las ferias en los días de fiesta, hasta la no menos vistosa y espectacular plaza de toros, situada en las afueras del pueblo y centro de polémicas, pasando por aquellos años en los que la plaza de toros portátil se instalaba en "el mercadito", hasta que se construyeron allí el centro médico y los pisos de protección oficial, este pueblo y sus fiestas han resultado ser un campo de cultivo para multitud de historias que pasarán, sin duda, de bocas de abuelos y padres a oídos de hijos y nietos, para hacer éstos los mismo con sus vivencias y sus descendientes.  

Desde que la plaza de toros se hacía de palos y maderos, ya en la época más cercana, y eso significa desde hace unos ochenta o noventa años, la historia de esta fiesta ha dado siempre mucho de sí, debido a la gran tradición y afición que existe en este pueblo, que han dado lugar a multitud de vivencias, anécdotas y experiencias irrepetibles.

También, y por los mismos motivos, ha llevado a conocer a personas que, por su implicación o afición a la fiesta y al mundo de los toros, han dejado su huella dentro del mundillo, y que son recordados por unos o por otros con especial trato. Tal es el caso de los hermanos Francisco e Inocencio (Quico y Talento), conocidos por su labor en los encierros allá por los años 60 y 70, como son conocidos ahora, por los mismos motivos, Julio, Jesús Alberto, Paco y demás caballistas, así como son también conocidos los aficionados de a pie por sus cortes, sus carreras y su entrega. Así, aunque se olviden bastantes, nombraremos a Daniel, al que vemos en las fotos de 1962 a 1971 y anteriores, que en su época, hace ya más de una treintena de años, gustaba de cortar al toro, Benito (de nombre real Antonio), que con más de 50 años a sus espaldas, hasta hace poco se le ha podido ver en algún concurso de cortes y al que podemos ver en las fotos de 2004 pasando algún apuro en el prado y en la foto de 1982 en la que se inmortalizó la cogida que sufrió entre dos toros, Fernando "Poto", que sigue aguantando a los toros hasta el límite, Manuel y Alejandro, con sus cortes y carreras, Raúl, Pedro, Vitín y varios cortadores más, o los más insignes pobladores de la primera línea de espante, como Ángel Malillos, Luis Gullón... y así un sinfín de personas que, siendo del pueblo o no, han dado color a la fiesta con su arrojo y valentía.

Cierto es que no todo ha sido sólo fiesta y alegría. La fiesta también ha dejado tintes dolorosos, como ingrediente amargo de lo que es todo el conjunto de festejos. Ha habido cogidas, más o menos graves, unos años más y otros menos, aunque tampoco se hayan producido grandes tragedias. Ha habido ocasiones con nueve cogidas en un mismo día y días totalmente limpios, cogidas en el prado, en la calle... y algunas se recuerdan por todos aquellos que las contemplaron, como aquella de Marcial en la laguna, que ha dado la vuelta al mundo por varias televisiones, la de los soportales de la plaza al señor que no soltó la cámara en ningún momento o aquella jugada arriesgada de Luis Gullón en el poste del prado con final feliz, como vemos en la foto de 1981.

También ha habido connotaciones un tanto graciosas, como es el hecho de que en una ocasión, en 1965, no hubo toros, aunque los jóvenes improvisaron un encierro con burros. Otras dos ocasiones marcaron el calendario como fechas en las que no hubo toros, en 1927 por una tormenta de granizo que dio al traste con la cosecha y durante la Guerra Civil Española.

No menos es conocido el hecho de que siempre ha habido desavenencias entre las autoridades, comisiones de festejos y ciertos ganaderos y/o encerradores, determinando los primeros quién iba a suministrar las reses para los encierros y quién iba a dirigir los encierros. Esto ha hecho que no siempre todo haya funcionado perfectamente, y eso lo nota el público, sobre todo el saucano, conocedor del mundo de los toros y al que le duele especialmente que las cosas no salgan bien en su fiesta.

- - - - - - -

Que la historia permita que estos festejos se sigan celebrando, saciando la sed de propios y atrayendo visitantes de los lugares más variopintos de la geografía de este país.